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El Remedio: la cura del buen comer

El Remedio: la cura del buen comer

El Remedio: la cura del buen comer.

El Remedio surge en un entorno mágico: una pequeña colina junto a la Ermita de Nuestra Señora de los Remedios, en Ruiloba (Cantabria), rodeada de un gran jardín desde el que —se divisan los acantilados del mar Cantábrico y el murmullo constante del oleaje—.

El Remedio: la cura del buen comer
Remanso mágico

El Remedio destila una distinción discreta: amplias cristaleras que abrazan la sala, un jardín que acaricia la mirada y una atmósfera envolvente que, —casi sin darte cuenta—, te hace sentir como en casa, aunque estés a kilómetros de la tuya.

El Remedio: la cura del buen comer
Sala

Tras la pequeña «ventanuca» está el chef Samuel Fernández, quien dirige los fogones junto a su equipo, cuenta con una dilatada trayectoria que pasa por la maestría de Martín Berasategui y una larga estancia en Italia, donde comparte escuela y cocina con algunos de los mejores chefs del país vecino del mediterráneo.

Su cocina es un homenaje al producto y a la tierra: productos de temporada, elaborados con cuidado, platos originales, donde los sabores se sienten nítidos, contundentes con muchos matices.

Junto a él, un gran equipo de profesionales, entre ellos José Antonio Vallina, responsable de sala y sumiller, que con naturalidad y saber hacer conduce el servicio en la mesa.

El Remedio: la cura del buen comer
Samuel Fdez – José Ant. Vallina (de izquierda a derecha)

Entrada de la experiencia

La velada comienza con un aire de celebración contenida: elegimos unas burbujas, la fina espuma de Le Brun de Neuville CÔTE, que se descorcha sin prisas y allana el camino para lo que esta por venir.

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Le Brun de Neuville CÔTE

Panes que curan

Enseguida llegan los panes que curan: —pan blanco y de maíz con pipas—, elaborados con masa madre por la panadería La Crujiénte de Santander. Pan que invita a mojar, a pellizcar y a seguir comiendo, sin prisa pero sin pausa. Verdaderamente adictivos.

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Panes que curan

Almejas a la sartén

Las almejas a la sartén llegan humeantes, perfumadas con ajito, perejil fresco y todo su jugo. Son una invitación constante al pan y a la salsa, imposible resistirse.

De la variedad “fina” y calibre XXL, se muestran en su punto exacto de cocción: ni un segundo de más, ni uno de menos. Saben a mar limpio —a cocina tradicional bien entendida—, a ese placer sencillo que no necesita adornos para brillar.

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Almejas a la sartén

Anchoas Solano-Arriola

El siguiente paso: las anchoas Solano-Arriola, que se presentan como uno de los mejores productos de su género, elaboradas por Miguel Solano —de una calidad y regularidad admirable— siempre están igual de buenas.

Samuel las acompaña de una mozzarella de vaca de la Pasiega de Peña Pelada, mini piparra, cherry y un rico AOVE, en un juego de texturas y matices salinos que se cierra con elegancia, dejando que el producto hable por sí solo.

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Anchoa Solano-Arriola – Mozzarella

Foie y panettone

El foie mi-cuit al vapor se presenta sobre un gel de zanahoria y naranja sanguina, en un equilibrio perfecto donde el foie conserva el protagonismo y el contrapunto dulce y cítrico redondea el conjunto.

La sorpresa llega aparte: en lugar de las clásicas tostadas, se presenta sobre panettone ligeramente tostado, que aporta frutos, notas de brioche y un delicado aroma a vainilla.

La combinación de texturas y matices explota en el paladar, dejando una sensación golosa y refinada a la vez.

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Foie mi-cuit al vapor – Panettone

Arroz con centollo y alioli de placton

Llega el meloso de arroz con centollo, un plato absolutamente irresistible. El arroz Carnaroli —de excelente procedencia italiana— se presenta en su punto exacto: absorbe el sabor del mar y mantiene un grano firme, jugoso y lleno de carácter.

La carne del centollo se integra con suavidad, realzando el conjunto sin dominarlo. El resultado es un bocado profundo y armónico, impecable en su ejecución, que deja entrever la huella italiana en la cocina del chef.

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Arroz con centollo – Alioli de plancton

Mejillón tigre

Los mejillones tigre juegan con los contrastes: exterior crujiente, interior cremoso y un toque vivaz que despierta el paladar sin sobrepasarse. Posiblemente de los mejores que he probado en mi recorrido gastronómico.

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Mejillón tigre

Salmonete

El salmonete, pieza de ración, —llega jugoso y bien cuidado—, fiel a su sabor marinero, sin adornos ni pretensiones.

Lo acompaña patata revolcona, puntos de emulsión de ajo y pimentón, y hojita de espinaca que, sin protagonismos, aportan su fuerza en el instante justo, arropando al salmonete con elegancia.

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Salmonete – Patata revolcona

Filete ruso y crema trufada

En el capítulo de carnes, el llamado <<falso Rossini>>: un filete ruso con crema trufada y trufa rallada (Tuber borchii) sobre una fina tostada de pan, que se convierte en un auténtico espectáculo visual y gustativo.

La combinación de texturas —jugosa, untuosa— y aromas —trufa, carne— eleva el plato a una experiencia casi cinematográfica.

El Remedio: la cura del buen comer
Filete ruso – Trufa de primavera

Tarta al whisky

Los postres llegan como un colofón emocional a la experiencia. Primero, la tarta al whisky, ese clásico de toda la vida que agradecemos ver recuperado, servida con unas gotas del legendario Jameson Black Barrel Irish Whisky vertidas en mesa.

Un cierre elegante, donde el destilado se integra sin imponerse, realzando la jugosidad y el carácter de la tarta.

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Tarta al Whisky

Capuccino de leche helada

Cierra el recorrido un capuccino de leche helada con espuma de cacao y picatostes en su base, una versión dulce y evocadora que deja la experiencia gastronómica en un punto álgido.

Un bocado tan bueno que, sin decirlo, te arranca ese inevitable “de … madre”. Cuando las cosas están buenas… pero buenas de verdad.

El Remedio: la cura del buen comer
Capuccino de leche helada

En El Remedio, la magia no se anuncia a voces; se cuela despacio, en ese segundo en el que te das cuenta de que ya no estás solo en un restaurante, sino en un lugar donde te tratan como a un invitado de la casa. Cada bocado, cada sorbo de champagne, cada detalle del servicio se suma al mismo propósito: devolver el placer a la mesa, sin teatros innecesarios y sin fórmulas vacías.

Salir de allí es como despedirse de un buen amigo: el rumor apagado de la cocina al fondo y, sobre todo, el recuerdo de esos panes que curan y de esa cocina que se ocupa de ti sin perder un ápice de oficio. En El Remedio no se trata de hacer ruido, sino de dejar huella; y en eso, sin duda, es definitiva su cura.

Enhorabuena a todo el equipo por el trabajo y por conseguir que todo resulte tan bonito. Felicidades Samuel y José Antonio.

2 comentarios en «El Remedio: la cura del buen comer»Añade el tuyo →

  1. Excelente cocina y bonito entorno, quien va, repite.
    Y no es pasión porque sea de Moreda, la realidad no se disfraza.
    Compruébalo y disfruta !!!

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