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Memoria, territorio y cocina viva. Duque

Memoria, territorio y cocina viva. Duque

Memoria, territorio y cocina viva. Duque. Medinaceli, con ese aire entre románico y castellano viejo, guarda una de las mesas más honestas de la zona. Aquí los productos llegan de un territorio que es cruce de tres comunidades —Soria, Guadalajara y Aragón—, y eso se percibe en la despensa y en la conversación.

Laura, en sala, es memoria viva del lugar: habla de los vinos, de la trufa, del pan, con conocimiento y entusiasmo, manteniendo un equilibrio perfecto entre profesionalidad y cercanía.

Memoria, territorio y cocina viva. Duque
DUQUE

Hay lugares a los que llegas sin esperar nada y sales con la sensación de haber descubierto un secreto bien guardado. Así me ocurrió en Duque en Medinaceli, una casa con historia que hoy mantiene la tercera generación de la familia al frente: Ángel en la cocina y Laura en la sala

Juntos hacen de este rincón soriano un punto de encuentro entre la tradición más pura y una mirada actual que se nota en cada detalle.

Memoria, territorio y cocina viva. Duque
Laura&Angel

La cocina de Ángel parte del respeto al sabor y lo eleva con técnica. Todo comienza con una crepita de boniato, manzana y crema de queso del valle de Oncala, un bocado pequeño pero pleno de intención.

Memoria, territorio y cocina viva. Duque
Boniato&Queso

Rudeles 23 es un tinto joven y equilibrado de Ribera del Duero, con 95% Tempranillo y 5% Garnacha de viñas de altura. Redondo y aterciopelado en boca, despliega fruta roja madura, especias y un toque balsámico sutil, con taninos pulidos y buena acidez que lo hacen fresco y versátil.

Memoria, territorio y cocina viva. Duque
Rudeles 23

Sigue una ensaladilla ibérica, que no es una ensaladilla más: base de patata suave, alioli delicado, láminas de panceta curada en bodega, huevo frito y un toque de corteza de torrezno que estalla al morder. Es un guiño divertido y sabroso a lo cotidiano.

Memoria, territorio y cocina viva. Duque
Ensaladilla Ibérica

El buñuelo de brandada de bacalao con salsa romesco llega en su punto justo de fritura, crujiente por fuera y meloso por dentro, —con esa cobertura que recuerda a una buena tempura—.

Memoria, territorio y cocina viva. Duque
Buñuelo de brandada de Bacalao

Luego, una de las sorpresas del menú: Costrada de pulpo. Recupera la memoria repostera de Soria, pero la lleva al territorio salado. Capas finas, crema de patata, pulpo y una emulsión ligera de pimentón coronadas con azúcar glas. Dulce y salado se abrazan sin enfrentarse.

Buñuelo de brandada de Bacalao
Costrada de Pulpo

Las albóndigas de Pato de Malvasía con compota de manzana son puro confort, —con ese sabor profundo y redondo que solo sale de las cocciones pausadas—.

Buñuelo de brandada de Bacalao
Albóndigas de Pato

Y para terminar, un nido de pasta filo frita que protege un helado de manzana y manzana confitada: crujiente, frescor y mimo, todo en un mismo gesto.

Buñuelo de brandada de Bacalao
Postre de Manzana

El pan, los hojaldres, el orden de la sala, —el ritmo del servicio… aquí todo tiene coherencia—. Nada pretende impresionar gratuitamente; simplemente está bien hecho. Esa es quizá la gran virtud de Duque: no busca ser algo que no es, y precisamente por eso lo recordarás.

Salí con el paladar agradecido y la sensación de haber tocado una cocina que respira territorio, respeto y oficio. En Medinaceli, en esta casa que lleva su nombre, la tradición sigue viva y –por suerte– con un futuro muy prometedor.

DUQUE: enlace web

 

 

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