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Pinar, tierra y verdad en la mesa. La Lobita

Pinar, tierra y verdad en la mesa. La Lobita

Pinar, tierra y verdad en la mesa. La Lobita. En el corazón de los pinares de Soria, La Lobita late con la memoria de tres generaciones. Nació en 1952 como un bar de carretera y hoy es un templo micológico donde territorio, tradición y familia se funden en cada plato. Su nombre honra a La Lobita, —la abuela que dio origen al relato—. Una estirpe de mujeres mantuvo viva la cocina hasta convertirla en reflejo del bosque soriano: sincera, arropada por la tierra.

Los menús Albar y Negral traducen ese paisaje —uno más delicado, otro más profundo— en una experiencia que reivindica esencia y verdad en la mesa.

Pinar, tierra y verdad en la mesa. La Lobita
Desde sala

Su chef Elena Lucas encarna con humildad la tercera generación familiar al frente de La Lobita, un proyecto que honra el legado de su abuela Luciana Lobo y la memoria de una cocina nacida del sentimiento. Junto a Diego Muñoz, maître y sumiller, construye un diálogo íntimo con el comensal a través de platos que respiran naturaleza y territorio.

Toda la vajilla y los elementos decorativos respiran naturaleza. Nada es casual: cada detalle tiene un porqué. El pinar, la tierra y el entorno actúan como hilo conductor de una propuesta que busca mostrar, con honestidad, la verdad en la mesa.

Pinar, tierra y verdad en la mesa. La Lobita
Diego Muñoz & Elena Lucas

Espumoso de Soria de Vildé

El arranque líquido del menú mira hacia Soria: un espumoso de Bodega Vildé, en el pequeño pueblo de Villálvaro, elaborado con albillo y criado más de 57 meses sobre lías, afinado por Diego, formador en Cava titulado por el Institut del Cava, y embotellado en exclusiva para la casa.

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Espumoso de Soria de Vildé

Nuestra evolución de un torrezno

Un primer aperitivo que funciona como declaración de intenciones: un “torrezno etéreo y ligero” donde la corteza, convertida en lámina suflada y crujiente, sirve de base a generosas lascas de trufa que intensifican el recuerdo del torrezno soriano, ligero en textura pero extremadamente concentrado en sabor.

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Torrezno y su evolución

Tortillita de patata y trufa de otoño

El pinchito de tortilla que redefine lo clásico: espuma de patata con clara y yema en sifón, cuajada en sartén con interior líquido, yemas curadas a medias en sal y azúcar, y microralladura de trufa que explota en aroma al recibir el calor.

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Tortilla de patata y trufa

La bola de cocido

Una interpretación de la bola del cocido de las abuelas que se transforma en crujiente «panipuri»: en su interior, trocitos de chorizo y tocino, setas crudas y hojita de hierbabuena rota, todo rematado con una crema de alubias que une memoria y sorpresa en un bocado explosivo.

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Bola del cocido

Cortezas-pieles de monte

Para cerrar el bloque de aperitivos, bocado del bosque: corteza de pino albar convertida en harina con setas y hierbas sin gluten, suflada en lámina etérea como papel; crema de tomillo y brote de pino con clorofila, portobello crudo rallado, cantharellus lutescens, brote de guisante y lavanda —frágil, evoca el bosque soriano.

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Cortezas y pieles de monte

Roselito de Bodegas Antidoto

Llega Roselito, clarete de Bodegas Antídoto (San Esteban de Gormaz, Soria) que rescata la tradición ribereña: 70% tinto fino y 30% albillo mayor de viñedos viejos a 1.000 m, prensado directo, fermentado en acero con lías; pálido, floral (cereza, fresa, pomelo), tenso, vibrante en acidez, taninos finos y final salino. Fresco y soriano, eleva el bosque sin imponerse.

Clarete como se hacía antes en la ribera.

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Roselito

La Serrería del Pueblo

Descubre La Serrería del Pueblo, el plato icónico de Pinar Gastronómico que homenajea a los leñadores sorianos de generaciones pasadas. Se parte de una base de pan enriquecida con polen, remolacha, zanahoria y cacao, que imita las cortezas de pino caídas en el suelo del bosque.
Encima, un tronquito de paté de boletus que cortamos en láminas para mezclar con el resto de ingredientes, evocando el serrín y los aromas boscosos de Soria. Finaliza con gotas de resina de arce, que aportan un dulzor sutil y un brillo resinoso.

Un homenaje a generaciones pasadas …

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La serrería del pueblo

Nuestra carbonara de angulas de monte

Una carbonara soriana donde la angula de monte cantharellus tubaeformis sustituyen a la pasta, finas lonchas de papada ibérica ahumada de bellota (La Hoja del Carrasco) en lugar de guanciale. Alrededor, puntitos de ajo negro, anguila ahumada y botones de mizuna roja, todo sobre una crema aterciopelada de su queso favorito, el Conté, que une la untuosidad láctica con el alma del sotobosque.

Temporalidad atrasada, contrastes sutiles definidos.

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Carbonara de angulas de monte

Para acompañar esta carbonara del bosque, desembarca Kairos, rareza exclusiva de Bodega Rudeles (Peñalba de San Esteban, Soria) embotellada en damajuana de vidrio solo para La Lobita: un vino experimental de Ribera del Duero soriana, tenso y mineral de viñas centenarias, que envuelve los umamis con frescura irreverente y terruño puro.

Único, especial y solo para nuestro restaurante.

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Kairos – Edición limitada

La croqueta clásica deconstruida: base de aceite arbequina, bechamel de coliflor con crudité de coliflor amarilla y tirabeques crujientes. En su interior, la sorpresa estalla con una yema de huevo trufada que rompe al morder, fundiendo cremosidad vegetal y aroma profundo en cada bocado dorado y ligero.

Un canto a todas las abuelas.

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Croqueta de coliflor con sorpresa

Homenaje al clásico sureño de ave y trufa: pechuga de codorniz cocida a baja temperatura y rustida al momento —pase rápido por la piel con hierbas al estilo provenzal—, rearmada con trufa microrallada. Sopita castellana reinventada con huesecillos de codorniz, pan tostado de pueblo y mantequilla de Soria tostada, que da una emulsión rústica y cremosa, uniendo tradición soriana con elegancia francesa.

Castilla mirando a Francia, un recuerdo de cuchara.

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Pechuga de codorniz – Sopa pan-mantequilla

Selección especial de Bodegas Señorío de Villálvaro. Rareza exclusiva de Bodegas Señorío de Villálvaro (Villálvaro, Soria): limitada a solo 313 botellas, un tinto más ligero de lo habitual con tempranillo y albillo mayor de viñas prefiloxéricas a 915 m, fermentado con levaduras autóctonas y sutil roble que resalta frescura, fruta y terruño soriano con elegancia vertical.

Solo 313 botellas, de un tinto más ligero de lo habitual …

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Señorio de Villálvaro

Corzo, perigourdine, royal y tuber melanosporum

Corzo en salsa perigourdine clásica —jugo de carne, foie gras, trufa negra soriana y toque de jerez— equilibrado por una royal de carne asada abajo que suaviza el conjunto. Puntos de ajo fermentado, seta lengua de vaca hydnum repandum salteada y trufa laminada fresca completan este plato de caza mayor con potencia aromática y refinamiento francés en clave castellana.

Caza, subsistencia de pinares durante generaciones.

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Corzo y salsa perigourdine – Royal de carne asada

Cuajada de tomillo con miel de piñas fermentadas

Cuajada de leche de vaca infusionada en tomillo fresco para un toque herbal. La miel innovadora —elaborada con piñitas verdes fermentadas— pierde dulzor y gana resina de pino intensa, líquida y balsámica, uniendo postre lácteo con aromas del pinar soriano en equilibrio perfecto.

Tradición arraigada: una mirada a los remedios de la botica popular.

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Cuajada de tomillo – Miel de piñas

Chocolate blanco fermentado y helado de ciruela roja ácida

Base de chocolate blanco fermentado al estilo ajo negro. Helado de ciruela ácida reinventa chocolate con frutos rojos; chantilly de setas aporta cremosidad boscosa, gominolas japonesas de azúcar compotado de ciruela, y corona la tejita crujiente de avellana (puntillita de la abuela) —textura final inolvidable—.

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Chocolate blanco fermentado – Helado ciruela roja

Petit fours de cierre

Trío final dulce: bombones de chocolate con caramelo de violeta floral y envolvente; rosquillo crujiente del panadero; y galleta de mantequilla salpicada de comino tostado para un contrapunto aromático.

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Petit four

El Pinar siempre fue nuestra vida. Y nosotros la suya.

Hay días en que, al despertar, envía a su hija Brisa para que recojamos juntos los destellos de su escarcha, los aromas de sus frutos, la luz que gotea entre ramas y los sabores profundos de sus suelos.

Hace mucho, cuando la luna pintaba de frío el aire sobre las rocas, los árboles hablaron: “Mostrad mi belleza, cocinad mi alma”.

En La Lobita, cada plato es esa respuesta eterna —pinar, tierra y verdad en la mesa—.

Mención especial para María Ruiz, cuya impecable maestría en sala eleva cada experiencia a la excelencia absoluta. ¡Enhorabuena por tu profesionalidad inigualable!

Y a Diego, tu narrativa apasionada y vasto conocimiento gastronómico cautivan y molan muchísimo.

La Lobita: enlace web

Dirección: Av. de la Constitución, 54, 42149 Navaleno, Soria

Teléfono: 975 37 43 68

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