Metrópolis: la corona de Gran Vía que ahora se come. Madrid siempre ha tenido la costumbre de transformar sus símbolos en escenarios vivos. El edificio Metrópolis, esa corona neoclásica que domina la confluencia de la Gran Vía y Alcalá —diseñado en 1905 por los arquitectos franceses Jules y Raymond Février y concluido por el español Luis Esteve para La Unión y el Fénix— acaba de renacer como hotel y espacio gastronómico que respira historia reinventada.

Hace pocas semanas, Marta Seco y Sandro Silva (Grupo Paraguas) han dado el golpe maestro: Tasca Fina, una barra circular con vistas únicas a la plaza de la diosa Cibeles, la Barra de Oficios y en las profundidades, el Spa de Langostas.
Decorado por Lázaro Rosa-Violán, cada rincón —sutil, dorado, envolvente— convierte al comensal en protagonista de un auténtico escenario madrileño.

El telón se abre en la barra
Reservamos mesa alta en Tasca Fina, donde todo invita a quedarse, y el espectáculo arranca sin preámbulos. En este espacio, Grupo Paraguas logra que el comensal dirija su propio guion sensorial, entre luces cálidas, reflejos dorados y el murmullo vibrante de una sala que destila Madrid y sofisticación a partes iguales.

El aperitivo manda
Aperitivos como dados de parmesano, chorizo sabroso y mortadela de Bolonia, junto a unas aliñadas aceitunas gordal partidas al centro para morder con placer y panes recién hechos, despiertan los sentidos desde el primer instante.

El hilo conductor se revela: aquí se come siendo protagonista, con vistas a Cibeles, Banco de España y detalles que cuentan Madrid en cada bocado.

Croquetas de jamón y cecina
Las croquetas de jamón y cecina superan con nota la prueba del algodón: cremosas sin llegar a líquidas, con una cobertura fina y crujiente y una temperatura impecable.
Cada bocado equilibra sabor y textura, preludio de una cocina que se toma en serio los clásicos.

Un recorrido por sabores que abrazan
El arroz de verduras de temporada sorprende por su mezcla de arroces —negro y rojo—, cocinados con precisión y textura. Las verduras, al dente, despliegan frescura y matices en un conjunto lleno de técnica y equilibrio.
Un plato que revela capas inesperadas y celebra la temporalidad con respeto y oficio.

Mar, fuego y yuzu kosho: pura armonía
Los mejillones, braseados en brocheta y servidos directamente en el plato, llegan jugosos y limpios, con un brillo marino impecable. Los envuelve una vinagreta de yuzu kosho cuyo punto cítrico y picante realza su sabor y los eleva a la categoría de bocado memorable.

Callos con acento castizo y equilibrio perfecto
Los callos Metrópolis llegan en ración generosa, melosos y profundamente sabrosos, con patatas en dados y una salsa picante servida aparte —detalle acertado del servicio—. Un guiso con carácter castizo y ejecución cuidada, que combina confort y precisión en cada bocado.

El flan perfecto para bajar el telón
Cierra el flan de caramelo con nata y compota cítrica correcto, dulce y nostálgico, como un epílogo feliz que recuerda a la sobremesa de siempre, entre aromas cítricos y sabor a tradición.

Poso eterno en la Gran Vía
Tasca Fina en Metropolis no es solo un sitio más: ocupa un trono en la escena madrileña para quienes buscan emoción en lo icónico, sin pretensiones pero con maestría en detalles. Ideal para citas memorables, impresionar a visitantes o redescubrir Madrid con paladar atento.
Merece visita repetida, porque transforma un emblema arquitectónico en experiencia colectiva. ¿Te animas? Reserva ya y sé protagonista.

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